Ser parte de algo especial, te hace especial

Esta semana es una semana de despedidas para mí…. El pasado martes terminé la serie El Mentalista, y ayer terminé Glee.

Una semana difícil la verdad, ya que me despido de dos series que han marcado mis últimos 6/7 años y creo que por ello, merecen una entrada cada una.

Primero creo que voy a dedicarle mi entrada a Glee (CON SPOILERS) y dentro de poco, sopesaré mejor la de El Mentalista, ya que ha sufrido muchos cambios estos dos últimos años y quizás necesite una reflexión mayor.

 

¿Qué decir de Glee? Una serie que marcó mi comienzo en bachillerato, la que me ha acompañado durante la mitad de la carrera y esa que he seguido fielmente a pesar de sus altibajos y sobretodo, a pesar de sus pérdidas. Una serie que no sólo enseña a no rendirse nunca, sino que siempre, por mucho que las cosas vayan mal, debes creer en ti mismo. Una serie a la que ya dediqué una entrada hace prácticamente 2 años, mismo año en el que todos lloramos la pérdida de nuestro quarterback, Cory Monteith.

Cuando escribí dicha entrada, tan sólo hablé de las primeras tres temporadas, las que para mí podrían ser las mejores ya que son fieles a sus inicios y nada más terminar un episodio tienes ganas de ser Mercedes Jones y decir.. “Again, again, again!”. Pero fue a partir de la cuarta cuando para mí, empezó a malograrse… La despedida de los originales del McKinley y partida a Nueva York suponía un reto que no supieron cumplir del todo… Nuevos personajes y personajes antiguos que se fundían en los episodios de 40minutos y en los cuales, no daba tiempo de profundizar lo suficiente en cada uno de ellos. No se si también fue la “mala” elección de personajes “nuevos”, y digo “nuevos” porque daba la sensación de que querían actores que interpretaran los papeles de los personajes originales… O si por el contrario, fue directamente el giro en la historia y esa nueva Rachel que se daba porrazos en la gran manzana.

Aunque todo empeoró aún más durante la primera mitad de la quinta temporada… Ya no sólo era yo la que creía que no estaba viendo la misma serie, ya que su audiencia bajó en picado respecto a las tres primeras temporadas. No obstante, seguí viéndola y para mi sorpresa… consiguieron retomar el aire desenfadado de la primera temporada. Eso sí, a partir de la segunda mitad de la quinta, un tanto tarde. Y la verdad, es que me alegro de haber insistido en verla. Bien es verdad que si no fuera por la insistencia de Lea Michele en seguir rodando la serie a pesar del fallecimiento de su, entonces pareja, y coprotagonista en pantalla, Glee habría dejado de existir. No sé de dónde sacarían las fuerzas todos los implicados en el rodaje, pero la verdad es que se nota la falta de Cory Monteith/Finn Hudson. Algo que supieron mostrar durante toda la quinta y sexta temporada. Finn Hudson no se ha ido, siempre seguirá en nuestros corazones y por ello, debía seguir presente de alguna manera durante el resto de episodios que les quedaban.

El anuncio de una sexta y última temporada nos dejó a todos un poco descolocados, pero a la vez, con ganas de ver lo que ocurría a los chicos del McKinley y sobretodo a Rachel después de su batacazo en Brodway y en NYADA. Algo que no hizo más que empeorar nada más en el primer episodio de la sexta, con una Rachel destrozada y volviendo con el rabo entre las patas a su cuidad de origen en busca de un nuevo comienzo. Una temporada de 13 episodios de despedida. Todos los números musicales y las historias que se cuentan tienen, además del aire de la primera temporada, un toque de tristeza, de saber que cada uno de los episodios, se sentía como el último.

La incorporación de nuevos personajes al Glee Club para mí ha sido más que acertada, bastante mejor que los principales integrantes del Glee Club de la quinta temporada. Y es que aunque les haya visto poco, les he cogido algo de cariño. Por supuesto, también han mejorado en la elección de canciones, desde clásicos como Roxette a Bruno Mars con su Uptown Funk. En definitiva, una muy buena temporada de despedida.

Me quedo con todos y cada uno de los personajes originales y sobretodo con Sue Sylvester/Jane Lynch. Esta mujer es la leche y han sabido ponerla de nuevo en el terreno. Durante un tiempo quedaba bastante desapercibida pero en esta última temporada, además de darle más protagonismo, nos han deleitado con unas escenas inolvidables. El momentazo “The Final Countdown” con Will Schuester/Matthew Morrison y ese Brad/Brad Ellis con pelucas y air guitar incluidos fue simplemente APOTEÓSICO.

Y bueno, ¿qué más decir? Tenía ganas de ver el final pero a la vez me han dejado con la espinita clavada de querer seguir las historias de sus personajes, todo lo que han pasado y todo lo que les quedaría por pasar, pero así es la vida y en un momento u otro hay que decir adiós a alguna parte de ti mismo. Sobre los dos últimos episodios sólo puedo decir chapó! Tenían mucha responsabilidad y han sabido acertar a la perfección. El episodio 2009 ha sido un homenaje a todo lo que un día fue Glee y aquellas escenas que quedaron en el tintero, como la canción con la que Artie Abrams/Kevin McHale audicionó para entrar en el Glee Club, algo que siempre he querido saber y que ayer mismo pude comprobar. Y no sólo eso, sino cómo cada uno de los personajes se presentaba entre sí y como empezaron esas amistades que durarán toda la vida. Un episodio que terminó igual que el primero, con ese Don’t Stop Believing, con la presencia de Finn Hudson/Cory Monteith, que sigue emocionando y poniendo los pelos de punta a todo aquel que se considere fan de la serie.

Por último, el Dreams Come True, nos ha deleitado con un flashforward de los personajes principales y dónde terminan sus carreras. Desde el matrimonio de Kurt-Blaine esperando un hijo de Rachel, casada con Jessie St James (química que no había terminado nunca), hasta el regreso de Artie-Tina, una pareja que debía acabar junta. Por supuesto, si Rachel no ganase el Tony no podría terminar la serie, y si Sue-Schuester no tuvieran un número final tan genial como The Winner Takes It All, tampoco ;)

Para terminar destaco el número final de Lea Michele/Rachel Berry con la canción original This Time, escrita por Darren Criss, que interpreta a Blaine Anderson en la serie. Una canción que resume a la perfección todo lo que han pasado los personajes del Glee Club y no sólo ellos, sino sus propios actores y el adiós que supone no volver a verse en plató día sí y día también. Y por último, ahora sí, el número final de la serie, con una canción preciosa, en la que participaron todos los actores que pudieron asistir al rodaje, no sólo los originales sino incluso algunos personajes que no salieron ni una temporada completa, algo que para mí, ha sido genial. Ver todas las caras, reconocerlas y ver lo bien que se lo han pasado durante el rodaje y sobretodo ver la dedicación del auditorio a Finn Hudson/Cory Monteith ya fue la gota que colmó el vaso.

Un final PERFECTO e inmejorable que seguro ha dejado un mar de lágrimas tras todos los que lo hemos visto…

Adiós Glee, has sido, eres y serás, una de esas series que me encanta y de la cual seguiré viendo capítulos sueltos cuando me entre el venazo, una serie de la que ya me sé hasta diálogos y de la que no me canso nunca de ver.

When we look back on our time here, we should be proud

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